PRÓXIMA CHARLA


PRÓXIMA CHARLA:


Volvemos el miércoles 23 de septiembre de 2026, 19:00. Moe Club, Av. de Alberto Alcocer 32, Madrid. ¡DISFRUTAD Y DESCANSAD ESTE VERANO!


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El futuro de la medicina: promesas y realidades

 

Por Enrique J. de la Rosa y Margarita del Val

 

En los últimos años, la medicina personalizada, también conocida como medicina genómica, se nos ha presentado como el futuro de la atención sanitaria. Este nuevo enfoque buscaría dejar atrás los tratamientos convencionales para cada enfermedad y avanzar hacia intervenciones adaptadas a las características genéticas, ambientales y de estilo de vida de cada paciente. Así, se haría realidad de forma generalizada la máxima: “No hay enfermedades, sino enfermos”.

Imagen original de https://analisisnoticiasonline.com/

Este cambio es posible gracias a la integración de disciplinas como la genómica, la bioinformática y otras ciencias ómicas en los procesos de prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Aunque estos términos han ganado presencia en el discurso médico y científico, su potencial no es siempre comprendido por el público general. 

Imagen original de https://www.azti.es/

La medicina personalizada ya está transformando áreas, entre otras, como la oncología, donde se aplican terapias dirigidas según mutaciones específicas del tumor, así como las enfermedades raras, que se benefician de diagnósticos genéticos precisos y de las primeras terapias génicas desarrolladas y otras muchas en desarrollo. Además, abre la puerta a una medicina preventiva proactiva, basada en la comprensión molecular de los riesgos individuales, la predicción de la evolución de enfermedades y la implementación de medidas adaptadas a cada persona.

Figura original de Claudia Hurtado (https://doi.org/10.1016/j.rmclc.2022.01.002)

Sin embargo, este prometedor futuro también enfrenta importantes retos científicos, tecnológicos y sociales. Entre ellos, destaca el riesgo de generar expectativas poco realistas en la población, debido a una comunicación a veces excesivamente optimista o simplificada. En esta charla se abordarán los avances reales y los desafíos actuales de la medicina personalizada, con el objetivo de ofrecer una visión crítica y equilibrada sobre sus posibilidades en la práctica clínica y en la investigación biomédica contemporánea.

 

¿Es personal la medicina personalizada?

Carmen Ayuso.

19:00, miércoles 24 de septiembre de 2025.

Moe Club, Av. de Alberto Alcocer 32, Madrid.

Entrada libre a la presentación por el ponente y al debate con los asistentes hasta completar el aforo. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de los menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus progenitores o tutor.

 


Carmen Ayuso es Doctora en Medicina y Cirugía, jefa del Departamento de genética médica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, Directora científica del IIS-FJD, Investigadora Principal de la U704 de CIBERER y profesora titular de Medicina (Medicina Genómica) en la UAM. Entre otras muchas distinciones, recibió el Premio Nacional de Investigación (2024), modalidad Gregorio Marañón, en Medicina y Ciencias de la Salud.  

El Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, la Asociación Española de Científicos, la Fundación DRO, la Sociedad Española de Inmunología y la Real Sociedad Española de Química apoyan la divulgación científica rigurosa.


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¿Entenderemos algún día cómo se origina una mente?

                                                                                       Por Enrique J. de la Rosa y Margarita del Val

La genética del desarrollo, utilizando frecuentemente sistemas modelo como Caenorhabditis elegans ("el gusano") y Drosophila melanogaster ("la mosca"), ha revelado que diversos genes regulan su expresión de manera precisa en el espacio y el tiempo durante el desarrollo de los seres vivos. Algunos de dichos genes determinan la apariencia característica de cada especie, la formación y disposición de órganos y tejidos, así como sus funciones y, ya de paso, explican el origen de malformaciones y enfermedades congénitas.

Imágenes tomadas de la Wikipedia

Sin embargo, esta poderosa herramienta de análisis experimental—la genética—ahora potenciada por técnicas ómicas y bioinformáticas, apenas ha logrado empezar a desentrañar uno de los rasgos más distintivos de nuestra especie: una mente capaz de formular preguntas fundamentales como por ejemplo, entre otras muchas, ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?

Imagen tomada de la Wikipedia

La ciencia busca responder a estas y muchas otras preguntas basándose en evidencias. Por ejemplo, un siglo de investigación en neurología ha revelado que el cerebro está organizado en áreas: algunas están especializadas en ver, en oír, en oler, en tocar; otras en mover cada parte del cuerpo, en procesar el lenguaje, en planear acciones, en sentir miedo, en experimentar placer, etc. Gran parte de los estudios iniciales surgieron a partir de observaciones sobre lesiones cerebrales localizadas, cuyos efectos sorprendentes ayudaron a mapear estas funciones. Prueba de ello es el clásico busto de escayola que aún adorna algunas consultas de neurología y la portada de más de un libro sobre el tema.

Imagen tomada de Cuaderno de Cultura Científica

Imagen tomada de Decorar con Arte

Sin embargo, ni la anatomía ni la genética están logrando explicar esta especialización funcional. Toda la corteza cerebral—la sede de nuestra mente—presenta una estructura uniforme, y no existen genes específicos que determinen cada una de estas áreas. Entonces, ¿cómo se organiza el soporte biológico de nuestra mente?
Imagen tomada de Neuromarca
En la charla exploraremos las cuestiones más actuales sobre este fascinante tema, debatiremos con el ponente y reflexionaremos sobre lo más esencial de nuestro ser: nuestra mente.

Creando mentes.

Javier Sampedro.

19:00, miércoles 26 de febrero de 2025

Moe Club, Av. de Alberto Alcocer 32, Madrid

Entrada libre a la presentación por el ponente y al debate con los asistentes hasta completar el aforo. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de los menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus progenitores o tutor.


Javier Sampedro es científico y periodista. Se doctoró en genética y biología molecular, y fue investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa CSIC-UAM y del Laboratorio de Biología Molecular del Medical Research Council de Cambridge (Inglaterra). En 1995 comenzó a publicar artículos de divulgación científica en El País. Actualmente, sigue escribiendo columnas en El País y colaborando con Materia, la sección del mismo periódico.

El Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, la Asociación Española de Científicos, la Fundación DRO, la Sociedad Española de Inmunología y la Real Sociedad Española de Química apoyan la divulgación científica rigurosa.

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Coronavirus: Riesgo personal y riesgo colectivo. Opinión sobre la epidemia.

Escrito por la Dra. Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), el 9 de marzo de 2020, cuando en España se contaban 1.204 casos de coronavirus y 29 fallecidos. 

Hola,

soy viróloga e inmunóloga, pero no epidemióloga.

A mi juicio, la clave para entender lo que está pasando con el coronavirus es pasar a pensar del nivel del individuo al nivel de epidemia, que la que la sufre es la sociedad.

Echo de menos explicaciones sobre por qué se toman estas medidas de contención tan inhabituales, quizás por mi trabajo con virus y vacunas. En breve, para quien no quiera leer más: se toman estas medidas no solo para protegernos a cada uno de nosotros, sino especialmente para proteger a los vulnerables y especialmente a los que nos curan, para que los sanitarios no se saturen ni enfermen en masa y puedan curarnos a todos. Me gusta que no se quiera alarmar a la población para que no acudan innecesariamente al médico, pero con la evolución reciente hay algunos que se empiezan a preguntar por la razón de las medidas de contención.

Algunos puntos para entenderlo, en mi humilde opinión:

Primero, la mortalidad parece ser algo superior que la de la gripe, pero el grupo más vulnerable es parecido y hablar como de gripe no es alejarse mucho de lo que es. La gripe, por cierto, no es tan banal como nos creemos. Se ha estimado que en los dos últimos inviernos ha habido entre 6.300 y 15.000 defunciones atribuibles a la gripe. Muchas más que por accidentes de tráfico. Hay que tener especial atención con gente con patologías previas de varios tipos y con gente de mayor edad: la mortalidad por coronavirus en China aproximadamente se multiplica por 2 con cada década (buscad datos exactos si queréis), llegando al 14,8 % para los mayores de 80 años. Calculad hacia abajo.

Así que a nivel individual no hay que sobre-preocuparse. Si tenemos síntomas por los que por gripe no iríamos al médico ni al teléfono, y si no somos contacto de un infectado o hemos viajado a lugares de riesgo, solo tenemos que leernos las instrucciones de Sanidad, quedarnos tranquilos, y no saturar los centros médicos por el miedo.

PERO: (y no quiero alarmar): a nivel colectivo hay varias diferencias que justifican este cuidado, estas cuarentenas, este impacto social y económico. Es lo que es el contenido completo de la palabra epidemia: que el impacto es a nivel colectivo, de sociedad, no solo individual:

Es un virus nuevo y la ciencia sabe muy poco de él. Y por tanto puede predecir muy poco. Pero hacemos bien los científicos en afanarnos e intentar entender todo lo posible. Apoyadnos. Ahora y siempre, es una labor de fondo.

No tenemos ni un antiviral ni una vacuna, mientras que frente a la gripe tenemos vacunas, mejorables, pero tenemos. Ni sabemos si toda la ciencia logrará producir vacunas; es posible, pero hasta que no las tengamos, no sabemos. Tenemos vacunas frente a pocas enfermedades infecciosas, no olvidéis que hay infecciones que se resisten a pesar de esfuerzos científicos mundiales tremendos, como HIV o dengue, malaria o tuberculosis, y muchas más.

Es bastante más contagioso que la gripe, entre otras cosas quizás porque mal que bien contra la gripe tenemos algo de inmunidad pasada, pero frente a este virus estamos totalmente inermes, naive. Y esta diferencia se acumula con cada salto de contagio.

De gripe se enferma (o sea, con síntomas como para ir al médico) alrededor de un 1% de la población cada año en la temporada de invierno. Lo que quiere decir que a lo mejor no sabemos lo que es una gripe en nuestra vida - puede que no nos toque más de una en 100 años - ojo, a no confundir una buena gripe con otras infecciones más leves con síntomas muy parecidos. Y se estima que se hospitalizan cada año entre 30.000 y 50.000 pacientes con gripe, que es un máximo de un 0,1% de la población.

De coronavirus nos podemos infectar, teóricamente y sin cuarentenas ni barreras, un porcentaje considerable de la población en unos pocos meses. Bueno, solo una parte tendrán síntomas, pero su cuantía es difícil de estimar.

El 1% de gripe anual en invierno es lo que absorbe el sistema sanitario, que llega en esos meses a sus niveles máximos de saturación.

No podemos permitirnos la libre circulación del coronavirus porque enfermaría (grave o crítico) quizás hasta un 17% de la población (datos de China actuales), que, en el peor de los casos, es un número de pacientes graves unas 150 veces superior que con gripe, número que no puede absorber  el sistema sanitario.

Por tanto hacen falta cuarentenas, trazado de contactos, y cualquier medida de alta contención que logre reducir la velocidad a la que, lentamente, nos iremos contagiando un porcentaje considerable de la población. Hay que ganar todo el tiempo posible para que la infección de todos tarde ojalá que 100 años. Hay que ganar tiempo para que haya una vacuna o un tratamiento. Hay que ganar tiempo a ver si la infección remite en verano. O desaparece, como el SARS con medidas de alta contención parecidas a las actuales. Hay que ganar tiempo para que haya un antiviral. Hay que ganar tiempo a ver si las personas más vulnerables sobreviven.

Pero, sobre todo, hace falta que nuestro sistema sanitario no colapse. Porque en los casos graves esta enfermedad es mucho menos dañina y mucho menos mortal con asistencia sanitaria, que sin ella: oxígeno, hidratación, antipiréticos, antiinflamatorios, antibióticos si se complica, soporte vital... - lo saben los médicos para las demás neumonías, pero quizás este virus tiene patologías y secuelas propias. En China, en la "zona cero" de la ciudad de Wuhan, la mortalidad ha sido entre 8 y 30 veces mayor que en otras provincias de China: "Asked why [in] Wuhan [the fatality ratio] was so much higher than the national level, the National Health Commission of China official replied that it was for lack of resources" (reunión NHCC y OMS, Feb 20, 2020). Y eso que en esta provincia china de Hubei han ganado tiempo, y se ha infectado aproximadamente “solo” 1 de cada mil personas. ¡Eso lo tenemos que mejorar si todos aplicamos las medidas que nos toca! Hay que ayudar a los sanitarios a hacer su trabajo.

Porque hay que frenar la epidemia, está protocolizado que los sanitarios se pongan en cuarentena cuando han estado expuestos sin saberlo y sin protegerse a un enfermo. Esto se hace ya para neumonías, sarampión, por ejemplo, y también ahora para coronavirus. Si ellos se infectan, aunque sea levemente, y se tienen que poner en cuarentena, para evitar contagiar a su vez a pacientes muy vulnerables, van bajando los recursos humanos sanitarios.

Porque hay que frenar la epidemia, está protocolizado que los enfermos sean aislados, en hospital o en casa según la gravedad y según los recursos disponibles. Muchos enfermos, los leves, podrán pasar la infección aislados en casa. Pero, con las medidas necesarias de aislamiento para los enfermos graves, el personal sanitario no podrá atendernos adecuadamente si llega a enfermar gravemente el 0,1% de la población en unos meses, es decir, si se llega al nivel habitual de hospitalizados que alcanza la gripe en invierno, ni si llega a ser un año de gripe duro. Si tomamos la gripe como referencia, nos moveríamos en números de entre 600 y 1.000 casos hospitalizados por millón de habitantes. Lombardía, en el norte de Italia, ha llegado este fin de semana pasado del día internacional de la mujer a niveles cercanos a la emergencia sanitaria con unos 350 casos por millón de habitantes. Por eso ha sido necesaria la adopción de medidas drásticas de contención de la circulación de las personas. Y la Sanidad italiana es la quinta del mundo, con la española la tercera, con todas sus deficiencias y sus grandezas que conocemos. ¡También tenemos que superar a Italia en eficacia sanitaria! En la provincia china de Hubei han llegado a un máximo de 1.200 casos/millón. Por eso han tenido que construir 16 hospitales en pocos días y reclutar a decenas de miles de sanitarios de otras provincias.

Hay que frenar la epidemia porque la observación de Italia, de España, nos muestra que cada semana o diez días se multiplica el número de casos por 10. Haced números a corto plazo, estimad cómo llegamos tan solo a fin de mes si seguimos reticentes a adoptar o seguir las medidas de higiene y contención recomendadas. Es tal la incertidumbre, es tan nuevo, que no podemos correr el riesgo de no actuar.

Por eso hay que respetar todas las medidas de alta contención, de cuarentena, de aislamiento que nos recomienden las autoridades sanitarias. Porque aun haciéndolo, y estando más preparados que nunca en la historia para combatir una pandemia, estamos también más globalizados que nunca para expandir y potenciar una pandemia.

Por eso, además de seguir a rajatabla todas las medidas recomendadas, hay que tener sensatez y autolimitarse los contactos. Porque lo que está en cuestión no es solo si me infecto yo o no, sino sobre todo si yo puedo infectar o no a otras personas, justo lo contrario. Recordad, es una epidemia. Por eso, cancelar congresos de sanitarios. Por eso, evitar viajes innecesarios y en los que estemos expuestos y exponiendo a mucha gente de orígenes diversos. Por eso, evitar multitudes, festejos y reuniones grandes. Por eso, si te cierran el cole de los niños no los mandas con los abuelos ni al parque. Por eso, si te cierran la universidad o el instituto te quedas en casa en lugar de ir de fiesta. Por eso, cuando te cierran la empresa porque hay un caso de coronavirus en tu departamento, no te vas a tomar una copa o a visitar a tu madre o a hacer la compra en un momentito: te envían a casa no para protegerte a ti, que estás fuertote, joven y sano, sino para que no seas un vehículo de contagio que podría llevar a la muerte a personas más vulnerables en un par de saltos de contagio, e incluso a ti si inopinadamente sufres una apendicitis y no te pueden curar. Es lo sensato.

Por no hablar de si pasa lo mismo en unas semanas en países con menos recursos.

Ojala que en un futuro se convierta tan solo en una enfermedad estacional como la gripe y las múltiples infecciones respiratorias que sufrimos regularmente. Pero para llegar a ello tenemos que pasar por la oleada de la epidemia. Y tiene que ser lo más lentamente posible. Hay que ganar tiempo, cualquier retraso en la diseminación del virus y la extensión de la epidemia es importante y nos ayuda a nosotros y a los sanitarios. Sí, es posible hacerlo y los retrasos están en las manos de todos (nunca mejor dicho, lávatelas) incluso con medidas sencillas, pero aceptando también las medidas duras.

Además de un intento de explicación, esto es una llamada a la sensatez y a la responsabilidad, una vez que tenemos los datos, los pocos datos que conocemos de este virus. La responsabilidad no es solo no sentir pánico, que también, sino pensar en los demás, que suelen ser, siempre, los más cercanos.

Bueno, esta es mi opinión. Un saludo

Marga del Val



Escrito por Margarita del Val (CBMSO, CSIC-UAM), a raíz de la demanda de información en un foro científico sobre por qué se toman medidas tan extraordinarias de contención.

¿Condiciona “de dónde venimos” el “quiénes somos”?

Por Begoña García Sastre

¿Quién no se ha preguntado nunca cómo será su árbol genealógico? ¿Y si desciendo de un rey, o del mismísimo Cid Campeador? La realidad es que, si nos remontamos varias generaciones para atrás, es muy probable que tengamos algún parentesco con el héroe castellano.

Efectivamente, si comparamos árboles genealógicos de dos individuos cualquiera de la misma época se descubre que, al retroceder en el tiempo, acaban compartiendo algún antepasado común. No es de extrañar, ya que de una población de dimensiones comparablemente reducidas hace por ejemplo mil años, hemos derivado toda la humanidad actual. También son frecuentes las repeticiones de los mismos individuos entre nuestros ancestros, debido a la endogamia, algo que era muy habitual en generaciones no muy lejanas a nosotros.




Sin embargo, las múltiples maneras que tienen los genes de combinarse hacen que la variabilidad individual sea enorme. Y además se van introduciendo cambios genéticos continuamente. De hecho, la herencia genética de cada uno de aquellos antepasados de los que heredamos los apellidos es casi irrelevante. Por lo tanto, si miramos nuestro árbol genealógico unas cuantas generaciones atrás, podríamos descubrir que somos descendientes del Cid, pero no conservamos más que algún solitario gen perdido del que, posiblemente, no haya rasgo evidente.

¿Hasta qué punto nos condiciona nuestro legado genético? En esta charla se revisarán datos sobre nuestras características culturales y biológicas para comprender cómo aparecen algunas regularidades y deshacer algunos mitos sobre la relevancia de la herencia.

Genes y genealogías. Sobre nuestra herencia cultural y biológica.
Susanna Manrubia, doctora en Ciencias e investigadora en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC.
Miércoles 11 de marzo, 19:00h.
Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.


Susanna Manrubia es doctora en Ciencias por la Universitat Politècnica de Catalunya. Tras varios años en el extranjero y más de una década en el Centro de Astrobiología del CSIC se asentó en el Centro Nacional de Biotecnología donde actualmente dirige el Grupo de Sistemas Evolutivos. Su investigación se centra en el estudio de la biología desde un punto de vista evolutivo y en la emergencia de patrones culturales, así como en el comportamiento social colectivo. Posee amplia experiencia en la divulgación científica y es autora de varios libros.

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¿Se nace o se hace?

Posiblemente el preguntarse el porqué de las cosas sea la característica más genuina de la condición humana. Y cuando nos preguntamos precisamente por nuestra curiosidad no tenemos más remedio que profundizar en el estudio de los condicionantes innatos y adquiridos de cómo somos y cómo nos comportamos.


En la charla se explicarán los mecanismos moleculares que establecen la base innata de nuestra condición, así como de la influencia del entorno. Una explicación que, en definitiva, depende de la correcta, o no, transmisión y adaptación del texto de la vida, la secuencia de ADN, a las continuas condiciones cambiantes del entorno en el que nos desenvolvemos.

¿Por qué somos como somos?
Álvaro Martínez del Pozo.
Miércoles 16 de enero, 19:00
Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.


Álvaro Martínez del Pozo es Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado en la Universidad Rockefeller de Nueva York, en la Universidad Northeastern de Boston y en la Universidad de Kyoto (2000). Docente universitario desde 1989, es un especialista en el estudio de la estructura y función de proteínas, con más de 100 artículos internacionales, además de divulgador muy activo, tanto en formato de libro [El nacimiento de la química de proteínas: de la ovoalbúmina a la estructura de la hemoglobina (1800-1960) (Editorial Nivola, 2009)], proyectos (¿Sabías que…?), organización de actividades (La Noche de los Investigadores y La Semana de la Ciencia), la web de divulgación de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (http://sebbm.es/ES/divulgacion-ciencia-para-todos_10) y programas de radio (A Hombros de Gigantes).







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El día a día de nuestra salud


Es innegable la contribución de la medicina a nuestra salud y al incremento de la esperanza de vida media, que casi se dobló a lo largo del siglo XX. Antibióticos, vacunas, tratamientos contra el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, etc., han ido surgiendo de la investigación y han cambiado el curso y las consecuencias de la enfermedad. Pero no solo es importante el vivir más, sino también el vivir mejor, con una mayor calidad de vida. Y a esto último parece que nuestros hábitos podrían contribuir mucho, en particular la sociabilización, el ejercicio físico y la alimentación.
La investigación sobre alimentación y nutrición nos está mostrando, cada vez de manera más documentada, la respuesta personalizada a la dieta, en función de nuestros genes y de las bacterias que habitan en nuestro intestino, la microbiota intestinal. Y, dependiendo de la dieta y nuestras características, podemos incrementar el riesgo de padecer ciertas enfermedades o, por el contrario, mantener la salud durante más años.


En la charla nos ilustrarán sobre las investigaciones tendentes a saber qué alimentos son los más beneficiosos para cada persona, dependiendo además de si existe una cierta predisposición a padecer una enfermedad, obesidad, etc. El desarrollo de la nutrición personalizada es un reto socio-sanitario muy importante, aunque su implantación práctica para conseguir perfilar estrategias nutricionales eficaces requiere inversión, nuevos enfoques de la investigación y educación de la sociedad.

Alimentación y salud: El futuro que nos espera.

Mª Victoria Moreno-Arribas.

Miércoles 18 de abril, 19:00

Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.



Mª Victoria Moreno Arribas es doctora en Farmacia e Investigadora Científica en el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL), instituto mixto CSIC-UAM. Su investigación actual está centrada en la compleja interacción entre los polifenoles del vino y el microbioma humano, especialmente a nivel de la microbiota oral e intestinal, y su relación con la función y salud digestiva. Ha sido Vocal de la Comisión Mujer y Ciencia del CSIC (2006-2010) y la primera Directora del CIAL (2010-2017). En la actualidad es Coordinadora Científica del Área “Consumo, Seguridad y Salud” de la Plataforma Tecnológica del Vino de España, Vicepresidenta del Grupo de Microbiología de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) y Vicepresidenta Adjunta de Áreas Científico-Técnicas del CSIC. Ha recibido el premio de la Federación Española de Asociaciones de Enólogos, la Medalla de Oro al Mérito en la Investigación Enológica, el Premio Gourmand en su decimoséptima y decimonovena edición y el Premio Internacional de la OIV 2017.





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¿Se nace o se hace?

Seguro que alguna vez has oído esta pregunta o, incluso, la has utilizado tú mismo en una conversación sobre el comportamiento o las habilidades de una persona. La discusión sobre qué pesa más, los genes o el ambiente, es recurrente en campos como la genética, la psicología e, incluso, la filosofía. Otra experiencia que posiblemente tengas es el haberte dado cuenta de que los gemelos idénticos no son exactamente iguales en su apariencia externa o en los rasgos de su comportamiento, a pesar de que su material genético es exactamente el mismo; es más, las diferencias se van acrecentando con la edad. ¿Te has preguntado por qué?
La respuesta podría estar en el "vestido" que cubre y protege el genoma, es decir en la cubierta de proteínas que recubre el ADN, que va sufriendo cambios de naturaleza química durante el desarrollo de los organismos. Estos cambios se denominan cambios epigenéticos y son capaces de alterar la expresión de nuestros genes. Si se alteran los patrones epigenéticos normales de desarrollo podemos padecer enfermedades de diverso tipo que no son explicables por mutaciones en los genes. Como los cambios epigenéticos dependen de sustancias presentes en la dieta o de productos del metabolismo celular, la expresión de nuestros genes va a depender de lo que comemos, de nuestra edad, de nuestro grado de estrés, de que hagamos o no algún ejercicio físico, o del grado de contaminación del ambiente en que vivimos.


Estas investigaciones han dado una nueva perspectiva al estudio de la interacción entre genes y ambiente que, quizás, nos hagan avanzar en la repuesta a la pregunta que titula esta entrada. Pero, también, tomar consciencia de que somos responsables en parte de nuestra herencia: Los cambios epigenéticos los podemos transmitir a nuestros hijos y, quizás también, a nuestros nietos.

Yo soy yo y mi epigenética
José Fernández Piqueras.
Miércoles 14 de febrero, 19:00
Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.



José Fernández Piqueras es Doctor en Ciencias Biológicas y Catedrático de Genética en la Universidad Autónoma de Madrid. Compagina su labor docente con la dirección de un grupo de investigación sobre el cáncer en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, y pertenece al CIBER de Enfermedades Raras y al Instituto de Investigación Sanitaria Fundación Jiménez Díaz. Ha sido Director del Departamento de Genética de la Facultad de Ciencias de la UAM y del Departamento de Biología de la misma Universidad, y Colaborador del MICINN en el Área Científico-Técnica de Biomedicina y Coordinador del Área de Biomedicina de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP). Actualmente es miembro del Subcomité de Bioética del CSIC, miembro del Comité de Ética de la Investigación conjunto CBMSO-CNB y presidente del Comité de Ética de experimentación Animal del CBMSO.





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