PRÓXIMA CHARLA


PRÓXIMA CHARLA:


Volvemos el miércoles 23 de septiembre de 2026, 19:00. Moe Club, Av. de Alberto Alcocer 32, Madrid. ¡DISFRUTAD Y DESCANSAD ESTE VERANO!


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¿Y si los materiales pudieran “pensar”?

 

Por Enrique J. de la Rosa y Margarita del Val

 

Relojes inteligentes, teléfonos inteligentes, televisores inteligentes y, por supuesto, la inteligencia artificial han invadido nuestras vidas. Los usamos con asombro, no exento de cierto temor, sin comprender del todo cómo funcionan, sin aprovechar plenamente lo que pueden ofrecernos y sin considerar sus limitaciones.

Al auge de la inteligencia artificial y los dispositivos inteligentes se suma —ya en parte presente y con mayor fuerza en el futuro cercano— la inteligencia en los materiales. Quizás esta sea la oportunidad de entender mejor de qué hablamos, antes de que estén por todas partes.

Imagen generada con inteligencia artificial (ChatGPT)

La nanotecnología, una ingeniería a escala atómica y molecular, permite fabricar “materiales a la carta”, con propiedades controladas y diseñadas para fines específicos. Así nacen los llamados materiales inteligentes: materiales dinámicos que “dialogan con su entorno”, respondiendo de forma específica a determinados estímulos.

Por ejemplo, son la base de las ventanas inteligentes, capaces de regular el flujo de luz y calor hacia el interior de los edificios, lo que permite ahorrar en calefacción y refrigeración, e incluso generar energía eléctrica. Otra aplicación son los fotofármacos, medicamentos activados por luz que ofrecen una precisión espacial y temporal sin precedentes en su acción terapéutica.

Imagen original de Sornali Sanki

En neurociencia, aún no comprendemos en detalle las bases moleculares y celulares del pensamiento y la inteligencia en los seres vivos. Por eso, más allá de imaginar distopías con materiales y dispositivos “pensantes”, debemos adentrarnos con conocimiento en la fascinante era de los materiales inteligentes y aprovechar su potencial para enfrentar algunos de los grandes desafíos actuales, como los relacionados con la salud humana o el cambio climático.

En esta charla repasaremos ejemplos diversos de materiales inteligentes y sus posibles usos para resolver problemas de las personas y del planeta.

 

Materiales inteligentes: aliados en la lucha por la salud y el medio ambiente.

Amador Menéndez Velázquez.

19:00, miércoles 29 de octubre de 2025.

Moe Club, Av. de Alberto Alcocer 32, Madrid.

Entrada libre a la presentación por el ponente y al debate con los asistentes hasta completar el aforo. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de los menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus progenitores o tutor.

 


Amador Menéndez Velázquez es Licenciado y Doctor en Química por la Universidad de Oviedo. Actualmente desarrolla su labor investigadora en el Centro Tecnológico IDONIAL (Asturias). Anteriormente ha trabajado en instituciones de prestigio como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde logró el récord mundial de eficiencia en la captura de energía solar.

Sus líneas de investigación se centran en los materiales inteligentes y la nanofotónica, con aplicaciones en campos como la energía, la eficiencia energética y la salud humana. Colabora estrechamente con numerosas empresas del sector, impulsando la transferencia de conocimiento y tecnología.

Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura Avanzada 2018, en la modalidad de innovación, por sus investigaciones en ventanas generadoras de energía, así como con la Placa de Honor de la Asociación Española de Científicos 2023, entre otros reconocimientos.

Compagina su labor científica con una intensa actividad de divulgación, también reconocida con numerosos premios, entre ellos: el Premio Nacional de Periodismo Científico 2025, el Premio SOCIEMAT 2021 a la Difusión y Educación Científica en Materiales, el Premio COSCE a la Difusión de la Ciencia 2018, el Premio Europeo de Divulgación Científica 2009, y el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2017 por su libro Historia del futuro. Tecnologías que cambiarán nuestras vidas, entre otros.

 

El Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, la Asociación Española de Científicos, la Fundación DRO, la Sociedad Española de Inmunología y la Real Sociedad Española de Química apoyan la divulgación científica rigurosa.



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La pandemia silenciosa

 

Por Begoña García Sastre, Margarita del Val y Enrique J. de la Rosa


El descubrimiento de los antibióticos a mediados del siglo XX supuso una revolución en la medicina permitiendo tratar de forma efectiva las infecciones bacterianas. Es incalculable el número de vidas que los antibióticos han salvado y, además, han colaborado, junto con las vacunas y la mejora de la higiene y la nutrición, a reducir la mortalidad infantil y aumentar la esperanza de vida, proporcionándonos la salud de la que ahora disfrutamos. 

Los antibióticos han vivido desde entonces una época dorada, considerándose en la sociedad, erróneamente, como el remedio que todo lo cura. Esta percepción ha llevado a que se hiciera un abuso de estos medicamentos, cuyas consecuencias llevamos años sufriendo y que cada vez resultan más preocupantes: las bacterias multirresistentes

Imagen: Anna Shvets, Pexels.com

La resistencia de las bacterias a los antibióticos se considera una “pandemia silenciosa” siendo ya uno de los problemas de salud más preocupantes a nivel global. No solo afecta al tratamiento de infecciones bacterianas clásicas, sino también al riesgo de infección en muchas cirugías que mantienen nuestra calidad de vida. Para entender por qué se puede denominar pandemia debemos poner el problema en contexto con unos pocos números. A principios de 2022, The Lancet publicó un estudio sobre la resistencia bacteriana en el que se revelaba que en 2019 las infecciones con bacterias resistentes fueron la causa de 1 de cada 8 muertes en el mundo, siendo la segunda causa de mortalidad ese año. Tal como resalta José Miguel Cisneros (Instituto de Biomedicina de Sevilla), “los resultados del estudio son muy impresionantes, ya que el número de muertes relacionadas con estas infecciones en el año del estudio, 2019, fue superior al número de fallecidos por covid-19 después de tres años (7,7 millones vs. 6,6 millones)”. Y no es, como otras emergencias sanitarias, un problema de salud de países con pocos recursos. En Europa se calculan unas 35 000 muertes al año según el Centro europeo para la prevención y el control de enfermedades (ECDC), 4 000 de ellas en España (¡cuatro veces más que los accidentes de tráfico!). En EE.UU. se contabilizan más de 2,8 millones de infecciones por bacterias resistentes a los antibióticos al año. Y, por si esto fuera poco, la Organización Mundial de la Salud advierte que el problema puede ir a peor, ya que las muertes anuales relacionadas con la resistencia a los antibióticos podrían situarse en torno a los 10 millones de personas en 2050, convirtiéndose en la principal causa de mortalidad en el mundo superando al cáncer

Además de la amenaza que supone para la salud global, tiene también consecuencias económicas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha estimado que el coste que supone la resistencia bacteriana en los sistemas sanitarios de los países de la Unión Europea se sitúa en 1 100 millones de euros anuales y provoca grandes pérdidas en el Producto Interior Bruto (PIB). 

Pese a todos estos datos, que confirman que la emergencia es real y actual, no parece un problema del que la sociedad sea plenamente consciente. Por ello, se debe informar y concienciar sobre su magnitud para fomentar un uso más responsable de los antibióticos.

La investigación, como en muchas otras amenazas globales, juega un papel esencial en la búsqueda de soluciones. Los científicos llevan años siendo conscientes del problema que suponen las bacterias multirresistentes y trabajan a contrarreloj en busca de alternativas. Hay varias líneas de investigación prometedoras para hacer frente a estas súper bacterias como pueden ser la fagoterapia, el uso de virus bacteriófagos (que matan a las bacterias pero son inocuos para los humanos) o partes de estos; la modificación, adaptación o combinación de antibióticos ya existentes; o la más cara y complicada, desarrollarlos nuevos. Todo esto, entre otras alternativas prometedoras

Buscando nuevos antimicrobianos entre lo más pequeño


En esta charla se abordará el problema de la resistencia a antibióticos, en qué consiste y cómo se originan y transmiten estas resistencias, así como las principales soluciones que, desde la investigación, se plantean. En concreto, se tratarán los últimos avances en nanotecnología aplicada a nuevos métodos de diagnóstico y terapia. 

Esta línea, desarrollada en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, trata de trasladar el concepto de "multivalencia química" a la aplicación práctica en la búsqueda de nuevos antimicrobianos o la mejora de los ya existentes. La multivalencia consiste en que la disposición múltiple de varias moléculas terapéuticas en una única nanopartícula no suma, sino que multiplica su potencial antimicrobiano. Por poner un ejemplo, una nanopartícula que contiene 4 moléculas de un antimicrobiano, no va a ser simplemente 4 veces más potente que cuando se utiliza el antimicrobiano solo, sino que puede ser decenas o incluso miles de veces más efectivo. Eso permite dos cosas: convertir una molécula a priori con poca efectividad en una nanopartícula con gran eficiencia; y encontrar posibles nuevos usos a antimicrobianos ya estudiados pero descartados, por lo que no es necesaria una gran inversión en descubrir otros nuevos. 


Nanotecnología y resistencia a antimicrobianos: combatiendo la "pandemia silenciosa" con pequeñas grandes armas

Miércoles 26 de mayo, 19:00h

Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.


Jesús Miguel Sanz Morales es Doctor en Ciencias Químicas y Científico Titular en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde lidera el Laboratorio de Ingeniería de Proteínas frente a la Resistencia a Antimicrobianos. También es Catedrático de Universidad en excedencia. Las líneas de investigación de su grupo comprenden el estudio estructural de péptidos y proteínas con capacidad antimicrobiana y el uso de procedimientos nanobiotecnológicos para incrementar su efectividad.


El Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, la Asociación Española de Científicos, la Fundación DRO, la Sociedad Española de Inmunología y la Real Sociedad Española de Química apoyan la divulgación científica rigurosa.












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¡La ciencia al rescate...pero con tu ayuda!


 Por Begoña García Sastre y Enrique J. de la Rosa


Hace solo unas semanas que hemos alcanzado los 8.000 millones de habitantes en el mundo. Esto nos plantea unos grandes desafíos debido tanto a las necesidades básicas de las personas como al uso excesivo y, frecuentemente innecesario de los recursos del planeta. Todo ello amenaza su sostenibilidad presente y futura, nuestro bienestar y, ocasionalmente, nuestra vida. 

La superpoblación requiere entender y replantearnos los sistemas alimentarios. Estos deben cubrir las necesidades nutricionales de la población y contribuir a un mayor nivel de salud y bienestar, además de ofrecer condiciones de trabajo y sueldos dignos en toda la cadena de producción. La estructura actual se tambalea por la falta de recursos, la desertificación, las condiciones climáticas cambiantes, entre otras dificultades en la producción y distribución de los alimentos. 

La creciente densidad de población afectará también de manera directa a la salud de las personas. Estaremos expuestos a más epidemias y pandemias debido al potente desarrollo urbano derivado de este aumento constante de población, al número creciente de contactos por las migraciones, el turismo y los negocios, así como a la mejor transmisión de vectores de agentes infecciosos por el calentamiento de las zonas templadas del planeta.

El cambio climático actual se debe a la actividad humana, por lo que el aumento de la población mundial también supone un agravante para este problema. La intensidad y la velocidad con la que avanzará en el futuro depende de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que debemos actuar para limitarlas y mitigar la crisis climática en la que ya nos hayamos inmersos, que genera riesgos para los ecosistemas y la sociedad y tiene un fuerte impacto en la salud humana y planetaria.

Estos desafíos se han abordado en general de forma independiente; sin embargo, están interconectados. Por ejemplo, el uso masivo de los combustibles fósiles en la producción de energía ha potenciado el cambio climático que, a su vez, junto con la destrucción de los ecosistemas por sobreexplotación, facilita la extensión de las zoonosis e impacta negativamente en la producción de alimentos. Las zoonosis llevarán, sin duda, a nuevas epidemias y pandemias que se globalizarán más rápidamente por la densidad de población y los movimientos migratorios. Estos problemas de salud pueden impactar negativamente en los ecosistemas por la contaminación que supone el uso, abuso y mala gestión de los medicamentos y sus residuos. Esto, unido a otros muchos contaminantes procedentes de la actividad humana, afecta directamente al medioambiente, al clima y a los cultivos y sistemas alimentarios. 

Estas interrelaciones, que no han sido aún consideradas en toda su magnitud, complican el abordaje de estos y otros desafíos. Los problemas complejos a los que nos enfrentamos solo pueden resolverse con soluciones a su altura que impliquen no solo a la ciencia y los científicos con un nuevo abordaje interdisciplinar, sino a la sociedad en su conjunto. 

En esta mesa redonda se presentarán estos desafíos presentes y futuros, cómo se buscan soluciones desde la investigación y, lo que es igualmente importante, cómo debemos concienciarnos de que nuestras acciones tienen implicaciones, para bien y para mal, mucho más allá de lo obvio y cercano.


Crisis climática, pandemias y sistemas alimentarios: desafíos interdependientes

Miércoles 25 de enero 2023, 19:00h.

Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.

Inscripciones aquí


J. Fidel González Rouco, Facultad de Ciencias Físicas (UCM) e Instituto de Geociencias (CSIC-UCM).

J. Fidel González Rouco es profesor en la Facultad de Ciencias Físicas de la UCM e investigador del Instituto de Geociencias (CSIC-UCM). Ha sido contribuyente al informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) 2007 y autor líder en el IPCC 2013. Ha participado y participa en varios paneles científicos: ha sido co-chair de CLIVAR-España; miembro del comité organizador de la Asociación Española de Climatología; miembro del Cluster de Cambio Global del Campus de Excelencia Internacional de Moncloa; miembro del panel científico de PAGES-EURO_MED. Centra su investigación en problemas científicos que involucran modelización y análisis del cambio climático usando: modelos globales para la simulación y estudio de mecanismos que contribuyen a la variabilidad y al cambio climático actual en el contexto de los últimos milenios; y modelos regionales, con aplicaciones en la detección del cambio climático y en el contexto de las energías renovables.


Margarita del Val, Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM).

Margarita del Val es investigadora científica, viróloga e inmunóloga en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM). Coordina la Plataforma Temática Interdisciplinar en Salud Global del CSIC. Investiga la respuesta inmunitaria frente a las infecciones virales y la memoria inmunitaria, aspectos básicos del funcionamiento de las vacunas. Contribuye a la comunicación de los conocimientos científicos a la sociedad.


Manuel Franco, Universidad de Alcalá y Universidad Johns Hopkins de Baltimore, EE.UU.

Manuel Franco es médico epidemiólogo e investigador en la Universidades de Alcalá y Johns Hopkins. Su área de interés científico se centra en los factores sociales, incluidos el entorno urbano, que determinan la salud de las poblaciones y sus desigualdades. En la actualidad colabora en varios estudios sobre sistemas alimentarios y salud infantil en ciudades. Manuel ha liderado múltiples proyectos de investigación en EE.UU., España y Europa. Tiene especial interés por la transferencia del conocimiento y colabora con numerosos medios de comunicación internacionales y nacionales.


El Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, la Asociación Española de Científicos, el Instituto de Geociencias, la Universidad Complutense de Madrid, la Asociación Española para el Avance de la Ciencia, la Fundación DRO y la Sociedad Española de Inmunología apoyan la divulgación científica rigurosa.

 
















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Coronavirus: Riesgo personal y riesgo colectivo. Opinión sobre la epidemia.

Escrito por la Dra. Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), el 9 de marzo de 2020, cuando en España se contaban 1.204 casos de coronavirus y 29 fallecidos. 

Hola,

soy viróloga e inmunóloga, pero no epidemióloga.

A mi juicio, la clave para entender lo que está pasando con el coronavirus es pasar a pensar del nivel del individuo al nivel de epidemia, que la que la sufre es la sociedad.

Echo de menos explicaciones sobre por qué se toman estas medidas de contención tan inhabituales, quizás por mi trabajo con virus y vacunas. En breve, para quien no quiera leer más: se toman estas medidas no solo para protegernos a cada uno de nosotros, sino especialmente para proteger a los vulnerables y especialmente a los que nos curan, para que los sanitarios no se saturen ni enfermen en masa y puedan curarnos a todos. Me gusta que no se quiera alarmar a la población para que no acudan innecesariamente al médico, pero con la evolución reciente hay algunos que se empiezan a preguntar por la razón de las medidas de contención.

Algunos puntos para entenderlo, en mi humilde opinión:

Primero, la mortalidad parece ser algo superior que la de la gripe, pero el grupo más vulnerable es parecido y hablar como de gripe no es alejarse mucho de lo que es. La gripe, por cierto, no es tan banal como nos creemos. Se ha estimado que en los dos últimos inviernos ha habido entre 6.300 y 15.000 defunciones atribuibles a la gripe. Muchas más que por accidentes de tráfico. Hay que tener especial atención con gente con patologías previas de varios tipos y con gente de mayor edad: la mortalidad por coronavirus en China aproximadamente se multiplica por 2 con cada década (buscad datos exactos si queréis), llegando al 14,8 % para los mayores de 80 años. Calculad hacia abajo.

Así que a nivel individual no hay que sobre-preocuparse. Si tenemos síntomas por los que por gripe no iríamos al médico ni al teléfono, y si no somos contacto de un infectado o hemos viajado a lugares de riesgo, solo tenemos que leernos las instrucciones de Sanidad, quedarnos tranquilos, y no saturar los centros médicos por el miedo.

PERO: (y no quiero alarmar): a nivel colectivo hay varias diferencias que justifican este cuidado, estas cuarentenas, este impacto social y económico. Es lo que es el contenido completo de la palabra epidemia: que el impacto es a nivel colectivo, de sociedad, no solo individual:

Es un virus nuevo y la ciencia sabe muy poco de él. Y por tanto puede predecir muy poco. Pero hacemos bien los científicos en afanarnos e intentar entender todo lo posible. Apoyadnos. Ahora y siempre, es una labor de fondo.

No tenemos ni un antiviral ni una vacuna, mientras que frente a la gripe tenemos vacunas, mejorables, pero tenemos. Ni sabemos si toda la ciencia logrará producir vacunas; es posible, pero hasta que no las tengamos, no sabemos. Tenemos vacunas frente a pocas enfermedades infecciosas, no olvidéis que hay infecciones que se resisten a pesar de esfuerzos científicos mundiales tremendos, como HIV o dengue, malaria o tuberculosis, y muchas más.

Es bastante más contagioso que la gripe, entre otras cosas quizás porque mal que bien contra la gripe tenemos algo de inmunidad pasada, pero frente a este virus estamos totalmente inermes, naive. Y esta diferencia se acumula con cada salto de contagio.

De gripe se enferma (o sea, con síntomas como para ir al médico) alrededor de un 1% de la población cada año en la temporada de invierno. Lo que quiere decir que a lo mejor no sabemos lo que es una gripe en nuestra vida - puede que no nos toque más de una en 100 años - ojo, a no confundir una buena gripe con otras infecciones más leves con síntomas muy parecidos. Y se estima que se hospitalizan cada año entre 30.000 y 50.000 pacientes con gripe, que es un máximo de un 0,1% de la población.

De coronavirus nos podemos infectar, teóricamente y sin cuarentenas ni barreras, un porcentaje considerable de la población en unos pocos meses. Bueno, solo una parte tendrán síntomas, pero su cuantía es difícil de estimar.

El 1% de gripe anual en invierno es lo que absorbe el sistema sanitario, que llega en esos meses a sus niveles máximos de saturación.

No podemos permitirnos la libre circulación del coronavirus porque enfermaría (grave o crítico) quizás hasta un 17% de la población (datos de China actuales), que, en el peor de los casos, es un número de pacientes graves unas 150 veces superior que con gripe, número que no puede absorber  el sistema sanitario.

Por tanto hacen falta cuarentenas, trazado de contactos, y cualquier medida de alta contención que logre reducir la velocidad a la que, lentamente, nos iremos contagiando un porcentaje considerable de la población. Hay que ganar todo el tiempo posible para que la infección de todos tarde ojalá que 100 años. Hay que ganar tiempo para que haya una vacuna o un tratamiento. Hay que ganar tiempo a ver si la infección remite en verano. O desaparece, como el SARS con medidas de alta contención parecidas a las actuales. Hay que ganar tiempo para que haya un antiviral. Hay que ganar tiempo a ver si las personas más vulnerables sobreviven.

Pero, sobre todo, hace falta que nuestro sistema sanitario no colapse. Porque en los casos graves esta enfermedad es mucho menos dañina y mucho menos mortal con asistencia sanitaria, que sin ella: oxígeno, hidratación, antipiréticos, antiinflamatorios, antibióticos si se complica, soporte vital... - lo saben los médicos para las demás neumonías, pero quizás este virus tiene patologías y secuelas propias. En China, en la "zona cero" de la ciudad de Wuhan, la mortalidad ha sido entre 8 y 30 veces mayor que en otras provincias de China: "Asked why [in] Wuhan [the fatality ratio] was so much higher than the national level, the National Health Commission of China official replied that it was for lack of resources" (reunión NHCC y OMS, Feb 20, 2020). Y eso que en esta provincia china de Hubei han ganado tiempo, y se ha infectado aproximadamente “solo” 1 de cada mil personas. ¡Eso lo tenemos que mejorar si todos aplicamos las medidas que nos toca! Hay que ayudar a los sanitarios a hacer su trabajo.

Porque hay que frenar la epidemia, está protocolizado que los sanitarios se pongan en cuarentena cuando han estado expuestos sin saberlo y sin protegerse a un enfermo. Esto se hace ya para neumonías, sarampión, por ejemplo, y también ahora para coronavirus. Si ellos se infectan, aunque sea levemente, y se tienen que poner en cuarentena, para evitar contagiar a su vez a pacientes muy vulnerables, van bajando los recursos humanos sanitarios.

Porque hay que frenar la epidemia, está protocolizado que los enfermos sean aislados, en hospital o en casa según la gravedad y según los recursos disponibles. Muchos enfermos, los leves, podrán pasar la infección aislados en casa. Pero, con las medidas necesarias de aislamiento para los enfermos graves, el personal sanitario no podrá atendernos adecuadamente si llega a enfermar gravemente el 0,1% de la población en unos meses, es decir, si se llega al nivel habitual de hospitalizados que alcanza la gripe en invierno, ni si llega a ser un año de gripe duro. Si tomamos la gripe como referencia, nos moveríamos en números de entre 600 y 1.000 casos hospitalizados por millón de habitantes. Lombardía, en el norte de Italia, ha llegado este fin de semana pasado del día internacional de la mujer a niveles cercanos a la emergencia sanitaria con unos 350 casos por millón de habitantes. Por eso ha sido necesaria la adopción de medidas drásticas de contención de la circulación de las personas. Y la Sanidad italiana es la quinta del mundo, con la española la tercera, con todas sus deficiencias y sus grandezas que conocemos. ¡También tenemos que superar a Italia en eficacia sanitaria! En la provincia china de Hubei han llegado a un máximo de 1.200 casos/millón. Por eso han tenido que construir 16 hospitales en pocos días y reclutar a decenas de miles de sanitarios de otras provincias.

Hay que frenar la epidemia porque la observación de Italia, de España, nos muestra que cada semana o diez días se multiplica el número de casos por 10. Haced números a corto plazo, estimad cómo llegamos tan solo a fin de mes si seguimos reticentes a adoptar o seguir las medidas de higiene y contención recomendadas. Es tal la incertidumbre, es tan nuevo, que no podemos correr el riesgo de no actuar.

Por eso hay que respetar todas las medidas de alta contención, de cuarentena, de aislamiento que nos recomienden las autoridades sanitarias. Porque aun haciéndolo, y estando más preparados que nunca en la historia para combatir una pandemia, estamos también más globalizados que nunca para expandir y potenciar una pandemia.

Por eso, además de seguir a rajatabla todas las medidas recomendadas, hay que tener sensatez y autolimitarse los contactos. Porque lo que está en cuestión no es solo si me infecto yo o no, sino sobre todo si yo puedo infectar o no a otras personas, justo lo contrario. Recordad, es una epidemia. Por eso, cancelar congresos de sanitarios. Por eso, evitar viajes innecesarios y en los que estemos expuestos y exponiendo a mucha gente de orígenes diversos. Por eso, evitar multitudes, festejos y reuniones grandes. Por eso, si te cierran el cole de los niños no los mandas con los abuelos ni al parque. Por eso, si te cierran la universidad o el instituto te quedas en casa en lugar de ir de fiesta. Por eso, cuando te cierran la empresa porque hay un caso de coronavirus en tu departamento, no te vas a tomar una copa o a visitar a tu madre o a hacer la compra en un momentito: te envían a casa no para protegerte a ti, que estás fuertote, joven y sano, sino para que no seas un vehículo de contagio que podría llevar a la muerte a personas más vulnerables en un par de saltos de contagio, e incluso a ti si inopinadamente sufres una apendicitis y no te pueden curar. Es lo sensato.

Por no hablar de si pasa lo mismo en unas semanas en países con menos recursos.

Ojala que en un futuro se convierta tan solo en una enfermedad estacional como la gripe y las múltiples infecciones respiratorias que sufrimos regularmente. Pero para llegar a ello tenemos que pasar por la oleada de la epidemia. Y tiene que ser lo más lentamente posible. Hay que ganar tiempo, cualquier retraso en la diseminación del virus y la extensión de la epidemia es importante y nos ayuda a nosotros y a los sanitarios. Sí, es posible hacerlo y los retrasos están en las manos de todos (nunca mejor dicho, lávatelas) incluso con medidas sencillas, pero aceptando también las medidas duras.

Además de un intento de explicación, esto es una llamada a la sensatez y a la responsabilidad, una vez que tenemos los datos, los pocos datos que conocemos de este virus. La responsabilidad no es solo no sentir pánico, que también, sino pensar en los demás, que suelen ser, siempre, los más cercanos.

Bueno, esta es mi opinión. Un saludo

Marga del Val



Escrito por Margarita del Val (CBMSO, CSIC-UAM), a raíz de la demanda de información en un foro científico sobre por qué se toman medidas tan extraordinarias de contención.

Mitos y medias verdades

Por Enrique J. de la Rosa y Begoña García Sastre

¿A quién no le ha dado un consejo de salud un conocido, amigo o familiar? O lo ha leído u oído en un medio de comunicación o en una red social. A veces, somos nosotros mismos quienes comentamos “pues el otro día leí que…”
Pero, ¿tienen evidencia científica estas recomendaciones? En muchas ocasiones no. Seguir estos consejos puede no tener consecuencias -que el remedio no sirva para nada y que nuestra dolencia evolucione naturalmente hasta desaparecer-, o puede generar problemas que pongan en peligro nuestra salud. 


Como los mitos sobre la salud abundan en la vida cotidiana es importante el ser capaces de detectarlos. Es más, incluso cuando el consejo viene de nuestro médico de confianza, hay que saber que las evidencias científicas están en continua revisión y ningún ámbito de la salud está libre de confusiones basadas en el conocimiento previo ya superado, la costumbre, la tradición e, incluso, el interés económico de algunas empresas.
En esta charla se presentarán ejemplos de cómo nadie está libre de confusiones cotidianas sobre temas de salud. Se desmontarán algunos de estos mitos -en ocasiones muy extendidos y asentados en la sociedad- aparentemente saludables y se desvelará qué es lo que, según las evidencias disponibles a día de hoy, es recomendable en su lugar.

La copita de vino saludable y otros mitos sobre la salud en la vida cotidiana.
Esther Samper, licenciada en Medicina, máster en Biotecnología Biomédica y Doctora en Ingeniería Tisular Cardiovascular.
Miércoles 22 de enero 2020, 19:00h.
Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.

Esther Samper tiene una completa formación académica y experimental en Medicina y Biomedicina. Investigó sobre el uso de células madre para curar enfermedades cardíacas. Actualmente se dedica a la divulgación de la ciencia colaborando con diversos medios de comunicación, impartiendo charlas y participando en diversas actividades de divulgación. Recientemente ha publicado el libro “Si escuece, cura” (Editorial Calamo).

La Asociación Española de Científicos, el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas del CSIC, la Sociedad Española de Inmunología, la Sociedad Española de Microbiología y la Fundación DRO apoyan la divulgación científica rigurosa.

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¿Salud por movilidad?


El vehículo privado ha sido un icono del progreso y de la movilidad a lo largo del siglo XX. Hasta hace relativamente poco tiempo casi nadie cuestionaba que los vehículos que conducimos por nuestras ciudades incorporasen un tubo de escape que emite gases que se mezclan con el aire que respiramos. Pero poco a poco nos hemos ido concienciando de que no solo estamos quemando valiosos recursos no renovables; también, en mayor o menor medida, los gases de escape perjudican seriamente nuestra salud.


En los últimos 40 años se han realizado grandes esfuerzos para reducir esas emisiones de los motores de gasolina y diésel. Sin embargo, cada vez parece más claro que la única forma eficaz incrementar la protección de la salud sin renunciar grandemente a la movilidad y, además, no derrochar recursos no renovables es librarnos de nuestra dependencia de los combustibles fósiles. La manera óptima de hacerlo es fomentando las energías renovables. Ello permitiría utilizar recursos locales y contribuir a desarrollar una sociedad del bienestar sostenible. En el mundo del trasporte, esta transición se manifestará en el uso a gran escala del vehículo eléctrico. Pero antes hay que lograr que sea tal fácil de usar y repostar como los vehículos actuales.


¿Qué combustible usaremos en nuestros vehículos?
Miguel A. Peña.
Miércoles 19 de septiembre, 19:00
Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.


Miguel A. Peña es Doctor en Ciencias Químicas e Investigador Científico del CSIC. Ha realizado trabajos de investigación en la University of Notre Dame (EE.UU.), la Hong Kong University of Science and Technology (China), y el Istituto di Tecnologie Avanzate per l'Energia (Italy). Es secretario de la Asociación Española del Hidrógeno, vocal del Comité Técnico de Normalización de AENOR sobre tecnologías del hidrógeno, miembro del Grupo de Evaluación de ALINNE (Alianza por la Investigación y la Innovación Energéticas), y miembro del Comité Científico Técnico Asesor del Centro Nacional del Hidrógeno. Sus temas de investigación se han centrado fundamentalmente en procesos catalíticos para la producción limpia de energía, y más específicamente en la producción de hidrógeno y las pilas de combustible. Es coautor de más de 100 artículos, ha colaborado en la edición de 7 libros, y es coinventor de 6 patentes.







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Un placer, también para la mente.

¡Mira que te gusta el chocolate! Pero hasta ahora no estabas disfrutando plenamente de él. Como cientos de millones de personas que en todo el mundo consumen chocolate, probablemente desconocías que lo que hace realmente valioso a este producto es el cacao, su ingrediente principal. Durante la charla se repasará la apasionante historia del cacao y su transformación en chocolate. El chocolate es un producto elaborado a partir del cacao, al que se le añaden otros ingredientes como grasas y azúcares. Dependiendo del tipo y la calidad del chocolate, no todas las bondades atribuidas al cacao son aplicables al chocolate.


Se presentarán, además, las principales evidencias científicas que relacionan al cacao y al chocolate con la salud, y se darán las claves para disfrutar del chocolate como un alimento saludable.


A continuación, se realizará una cata de chocolates con distinto porcentaje de cacao para apreciar la influencia que tiene la mayor o menor presencia de cacao en las características sensoriales de los chocolates. Los participantes comprobarán que catar un buen chocolate puede ser un placer para los 5 sentidos.

          Los secretos del chocolate (charla + cata).
          Mª Ángeles Martín y María Blanch.
          Miércoles 11 de mayo, 19:00
          Pangea, C/ Príncipe de Vergara 26, Madrid.
             Entrada gratuita; aforo limitado; cata limitada a los 50 primeros asistentes.


Maria Ángeles Martín es Doctora en Ciencias Biológicas y trabaja en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del CSIC. Participa como Investigadora en el Centro de Investigaciones Biomédicas en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (CIBERDEM). Sus investigaciones se desarrollan en el campo de la nutrición y la salud, y sus trabajos se han centrado en estudiar el efecto de los compuestos antioxidantes de la dieta en la prevención de enfermedades crónicas.
        María Blanch es Doctora en Biología Vegetal y trabaja en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del CSIC. Su labor de investigación se centra en la aplicación de tratamientos post-recolección de frutos para prolongar su vida útil. Es además experta en cata y análisis sensorial de alimentos.
        Desde hace años, las dos compaginan su labor de investigación con la divulgación científica, impartiendo charlas y participando en diferentes proyectos divulgativos del CSIC. Además, son las Responsables de la Unidad de Cultura Científica del ICTAN desde donde organizan, coordinan y supervisan todos los eventos de divulgación científica del Centro.

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