Por Enrique J. de la Rosa y Margarita del Val
El primer borrador de
la secuencia del genoma humano se publicó en febrero de 2001. Sin embargo, ya
desde finales de los años 90 se había comenzado a descifrar la secuencia completa
del genoma de diversos organismos, empezando por bacterias y levaduras, y
siguiendo por animales invertebrados, hasta culminar con la secuenciación del
genoma humano. Este abordaje inicial, más sencillo por el menor tamaño de los
genomas elegidos, fue esencial para desarrollar herramientas fundamentales:
desde la automatización y la mejora de la eficiencia de la secuenciación hasta
el imprescindible avance de la bioinformática, necesaria para manejar la
ingente cantidad de datos generados.
Portadas de las revistas donde se publicó el primer borrador del genoma
humano.
El conocimiento del genoma humano ha transformado nuestra comprensión de las enfermedades, ha permitido identificar las bases genéticas tanto de patologías raras como de otras muy prevalentes y ha abierto la puerta al desarrollo de terapias innovadoras. Pero, más allá de los avances médicos, los genomas escondían sorpresas que no tardaron en revelarse.
Una de las más
llamativas fue descubrir que el número de genes del genoma humano era
relativamente pequeño, mucho menor de lo esperado. Y, además, que otros
animales más o menos parecidos a nosotros tenían incluso más genes. Hicieron
falta varios años para interpretar correctamente el genoma humano y comprender
su complejidad reguladora. De manera similar, cuando se empezaron a secuenciar
los genomas de plantas se comprobó, también con gran sorpresa, que eran mucho
mayores de lo previsto y, en particular, mayores que el nuestro. También en
este caso fue necesario tiempo para entender las razones de esta aparente
paradoja.
Imagen tomada de https://metode.es/revistas-metode/monograficos/el-tamano-del-genoma-y-la-complejidad-de-los-seres-vivos.html
¿Por qué las plantas tienen más genes que
nosotros?
Lluís Montoliu.
19:00, miércoles 22 de marzo de 2026.
Moe Club, Av. de Alberto Alcocer 32, Madrid.
Entrada libre a la presentación por el ponente
y al debate con los asistentes hasta completar el aforo. Durante la realización
de esta actividad cultural está permitida la presencia de los menores de 18
años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años
si están acompañados por uno de sus progenitores o tutor.
Lluís
Montoliu es doctor en Biología por la Universidad de Barcelona. Es investigador
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro de
Investigaciones Biomédicas en Red de Enfermedades Raras (CIBERER–Instituto de
Salud Carlos III) en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) en Madrid,
del que actualmente es vicedirector. Dirige el nodo español del archivo europeo
de ratones mutantes (EMMA/INFRAFRONTIER). Ha sido profesor honorario de la
Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad Complutense de Madrid, y ha
desarrollado su actividad científica en Barcelona, Heidelberg (Alemania) y
Madrid. Su investigación se centra en enfermedades raras, como el albinismo,
utilizando modelos animales modificados genéticamente mediante herramientas
CRISPR de edición genética, cuyo uso pionero introdujo en España. Ha publicado
más de 150 artículos científicos.
Ha sido
miembro y presidente del Comité de Ética del CSIC, así como asesor de la
Presidencia del CSIC en temas de ética y de Science Europe. Es miembro del
Comité Español de Ética de la Investigación (CEEI) y forma parte del panel de
ética del ERC en Bruselas. Ha fundado y presidido diversas sociedades
científicas. Actualmente preside la IFPCS, es vicepresidente de ARRIGE y
secretario científico de la SEBBM.
Es autor de
ocho libros de divulgación científica sobre genética, bioética y la profesión
investigadora. Su labor científica y divulgadora ha sido reconocida con
numerosos premios.
El Centro
de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, el Centro de
Biología Molecular Severo Ochoa, la Asociación Española de
Científicos, la Fundación DRO, la Sociedad Española de
Inmunología y la Real Sociedad Española de Química apoyan
la divulgación científica rigurosa.




